Skip to content Skip to footer


Si Dios va a ser nuestra Roca, entonces debe ser SANTO, JUSTO y BUENO; de lo contrario, no tenemos roca, todo sería un espejismo. Para entender esto mejor, definamos los términos:

La SANTIDAD de Dios significa que Él es infinitamente superior y único (Ex. 15:11), por tanto, debe ser tratado como tal (Isa. 8:12-13); no como Moisés en un momento, quien al desconfiar de Él lo trató como a cualquier otro (Num. 20:12).  Ahora bien, esto no significa que Él es una mente solitaria; Él es Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una relación caracterizada por conocimiento mutuo y amor infinito (Marcos 1:11; 9: 7; Jn. 14:31; Col. 1:13). Él también es relacional y amoroso.

La JUSTICIA de Dios significa que Él está comprometido a actuar de acuerdo a Su santidad o grandeza (2 Tim. 2:13). Es por eso que la santidad de Dios no es sólo un asunto de superioridad, sino también de justicia.

La BONDAD de Dios es Su disposición a ser generoso y hacernos bien. Pero esta no puede ser desconectada de la justicia. La bondad de Dios no quita Su compromiso de castigar justamente la maldad. Y siendo honestos, todos nosotros hemos pecado (Rom. 3:9-18, 23) es decir, no hemos tratado a Dios como Santo ni glorioso (Rom. 3:23). Por esa razón, Dios seguiría siendo Santo y justo aun si retiene Su bondad de nosotros (Ef. 2:3). Esa es la razón por la que la bondad de Dios fluye especialmente sobre aquellos que dependen reverentemente de Él (Sal. 31:19).

En fin, entender estas cosas nos guardará de la apresurada conclusión de que el sufrimiento humano a través del coronavirus es contrario a la santidad, justicia y bondad de Dios. No permitamos que esta pandemia global sacuda nuestra confianza de que “No hay santo como el Señor; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios” (1 Sam. 2:2).

Juan José Pérez es pastor en la Iglesia Bautista de la Gracia, en Santiago de los Caballeros (República Dominicana). Posee una Maestría en Divinidades en el Seminario Bautista Reformado (Estados Unidos). Sirve como decano de la Academia Ministerial de la Gracia y es profesor de Biblia en el Colegio Bautista de la Gracia y la Universidad Nacional Evangélica (UNEV).