Skip to content Skip to footer

Dios nos está realineando con el infinito valor de Cristo


Respuesta 4: El coronavirus es un llamado estruendoso para que todos nos arrepintamos y realineemos nuestras vidas con el infinito valor de Cristo.

Como en todos los desastres naturales, el coronavirus es una de miles de formas en las que Dios nos llama al arrepentimiento.

En Lucas 13:1-5 leemos de dos incidentes lamentables: Pilato había asesinado a personas que estaban adorando en el templo y la torre de Siloé había colapsado y murieron dieciocho personas. Uno fue fruto de la maldad humana y el otro un accidente. ¿Qué significa esto? ¿Era un juicio de Dios por pecados específicos? El significado que Jesús le dio tiene que ver con todos, no sólo con los que murieron.

Lo sucedido no significaba que los muertos eran más culpables que no murieron: “¿Piensan ustedes que esos galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” (Luc. 13:1-5).

Con todo esto, lo que Jesús estaba haciendo era redirigiendo el asombro de las personas. A la gente le sorprendió que estas personas murieron de manera tan trágica. Lo que Jesús les dice es que ellos debieron sorprenderse de que no todos murieron.

De hecho, si no se arrepentían, morirían igual mente en juicio. Este pasaje nos muestra entonces que todos los desastres son un misericordioso llamado de Dios al arrepentimiento, después de todo, hay una muerte segunda de la cual Dios nos quiere librar.

¿Qué es el arrepentimiento? La palabra significa literalmente un cambio de mente y de corazón. Según Mateo 22:37 Dios debe ser amado con toda nuestra mente, alma y corazón.

Y si somos honestos, todos nosotros, de una manera u otra hemos cambiado al Dios incorruptible e infinitamente valioso por cosas corruptibles (Rom. 1:22-23). Por tanto, el requisito principal del arrepentimiento es que abandonemos esa preferencia suicida que tenemos por la arena en lugar de escoger la roca.

Lo que Dios está haciendo con el coronavirus es mostrándonos de manera dolorosa que nada en este mundo da la seguridad y satisfacción que solo podemos encontrar en la grandeza y el valor infinito de Jesús. Esa fue la razón por la que Dios permitió que Pablo se viera en medio del dolor, al punto de la desesperación (2 Cor. 1:8-9).

Lo interesante es que Pablo no vio esas calamidades como un plan satánico ni como una casualidad, sino como el medio que Dios usó para lograr Su propósito: Que Pablo confiara en Dios y no en él mismo. Y ese es el mensaje del coronavirus: Dejemos de confiar en nosotros y confiemos en Dios.

Lo mismo sucedió con aquel famoso aguijón que Pablo tenía en su carne (2 Cor. 12:7-9). No sabemos cual era ese aguijón, pero sabemos que era doloroso y Pablo había pedido a Dios que se lo quitara.

Dios no quiso quitárselo, pero no por un capricho, sino para que Su poder se perfeccionara en la debilidad de Pablo (v. 9). En vista de eso Pablo aceptó la voluntad de Dios, porque su meta era glorificar a Cristo en su cuerpo, o por vida o por muerte (Fil. 1:20-21).

Y hablando del mismo Pablo, en su vida estuvo dispuesto a aceptar la pérdida gustosamente si eso significaba ganar a Cristo (Fil. 3:8).

Y esta pandemia nos lleva a experimentar pérdidas, desde la comodidad hasta la vida. Pero si conocemos el secreto del gozo de Pablo, podemos experimentar la pérdida como una ganancia. Eso es lo que Dios le está diciendo al mundo, que se arrepienta, que experimente ese cambio de mente y corazón a través del cual Cristo sea atesorado aun más que la vida (Sal. 63:3).

Juan José Pérez es pastor en la Iglesia Bautista de la Gracia, en Santiago de los Caballeros (República Dominicana). Posee una Maestría en Divinidades en el Seminario Bautista Reformado (Estados Unidos). Sirve como decano de la Academia Ministerial de la Gracia y es profesor de Biblia en el Colegio Bautista de la Gracia y la Universidad Nacional Evangélica (UNEV).